Llorenç Comajoan i Mariona Casas
Al cabo de casi un año y medio de la implementación del plan Bolonia en la mayoría de las universidades, podemos hacer balance de cómo se está viviendo este proceso. Básicamente se achacan al plan Bolonia tres problemas: disminución de la cantidad de contenidos curriculares por la reducción de las llamadas clases magistrales, poca efectividad de los seminarios y tutorías, y descenso de exigencia de nivel del alumnado y del profesorado.En cuanto a la reducción de las clases magistrales, se argumenta que con ello disminuye la cantidad de contenidos que se impartían antes. En su contra, cabe recordar que, a diferencia de en primaria y secundaria, no hay currículos obligatorios en las universidades y que los profesores gozan de más libertad para decidir qué contenidos y en qué cantidad se deben impartir. Así pues, se trata de dar prioridad a aquellos contenidos que realmente se consideren de interés y utilidad para los alumnos y no sólo de proyección personal para el profesor.
Con relación a los seminarios, se cuestiona que se puedan llevar a cabo con un número elevado de alumnos. Lo que requiere Bolonia es pensar en nuevas formas organizativas de los horarios de los alumnos, para que se puedan compaginar las sesiones de gran grupo (conocidas como clases magistrales) con las sesiones de grupos partidos (seminarios) y las tutorías (asesoramiento personalizado). Los profesores que tenemos la experiencia del pasado de impartir clases con 60 alumnos sabemos que el rendimiento en un grupo de 30 compaginado con las tutorías es mucho mayor que el rendimiento del grupo entero durante todo el curso.
Finalmente, sobre el nivel de exigencia, se podría pensar que al final tanto los alumnos como los profesores salen perjudicados del plan Bolonia, ya que unos reciben menos contenidos y los otros no pueden enseñarlo tal como estaban acostumbrados a hacerlo. Pero ya hemos dicho que lo primero no tiene que ser necesariamente así y, en cuanto a lo segundo, es preciso que los profesores se esfuercen para implementar nuevas metodologías al servicio de la enseñanza-aprendizaje: el espacio europeo de educación superior nos brinda la oportunidad de innovar, y el nuevo papel asignado a docentes y alumnos, lejos de propiciar discursos catastrofistas, debería centrarse en alcanzar la excelencia de nuestras universidades.
Font: La Vanguardia 3/ 11/ 2010. Via LA VANGUARDIA- Article d’opinió: ‘¿Tan malo es el plan Bolonia?’